Queridos amigos,
Es con gran amor y humildad que me dirijo a vosotros para hablaros sobre un tema de gran importancia en nuestra fe: la forma de recibir la Sagrada Comunión, específicamente, la comunión en la boca.
Como párroco de esta comunidad, mi deber es guiaros en el camino de la fe y proporcionaros enseñanzas que fortalezcan nuestra relación con Dios. En este sentido, la forma en que recibimos el Cuerpo de Cristo en la Sagrada Comunión tiene un significado profundo y trascendental.
La Iglesia nos enseña que la Sagrada Comunión es el sacramento más precioso, ya que en él recibimos verdaderamente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Es un encuentro íntimo y personal con nuestro Salvador, y debemos acercarnos a Él con reverencia y respeto.
Históricamente, la forma tradicional de recibir la Sagrada Comunión ha sido en la boca. Esta práctica se basa en una profunda veneración por el Cuerpo de Cristo y busca evitar cualquier posibilidad de profanación o falta de respeto hacia la Eucaristía. Al recibir la comunión en la boca, reconocemos humildemente que somos indignos de tocar directamente el Cuerpo de nuestro Salvador, y nos sometemos con humildad a su presencia divina.
Comprenderéis que estas palabras no buscan condenar ni juzgar a aquellos que prefieren recibir la Sagrada Comunión en la mano. La Iglesia, en su sabiduría, permite ambas formas de recibir el Cuerpo de Cristo. Sin embargo, en nuestra parroquia, deseo enfatizar la importancia y los beneficios espirituales de la comunión en la boca.
En este tiempo en el que a menudo estamos inmersos en una cultura de prisa y superficialidad, la Sagrada Comunión nos ofrece un momento de encuentro íntimo y profundo con nuestro Señor. Al recibirlo en la boca, permitimos que nuestra alma se abra de par en par para recibirlo y nos sumergimos en un acto de total entrega y humildad.
Os invito a reflexionar sobre estas palabras y a considerar la posibilidad de recibir la Sagrada Comunión en la boca. Os animo a rezar y buscar la guía del Espíritu Santo en esta cuestión. Como comunidad de fe, podemos crecer y fortalecernos juntos, profundizando nuestro amor por el Cuerpo de Cristo y nuestra devoción hacia la Eucaristía.
Recordad siempre que la Sagrada Comunión es un regalo inmenso que se nos da. Aprovechemos esta oportunidad para acercarnos a Jesús con todo nuestro ser y permitir que Él transforme nuestras vidas. Que nuestra parroquia sea un testimonio vivo de fe y devoción hacia la Sagrada Eucaristía.
