Queridos amigos
Como vuestro su párroco, siento la responsabilidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la importancia de la caridad fraterna y la corrección fraterna en nuestra comunidad parroquial.
1. La Caridad Fraterna:
La caridad es el corazón mismo del Evangelio. Como miembros de esta parroquia, estamos llamados a amarnos mutuamente, a respetarnos y a construir una comunidad basada en el amor de Cristo. La crítica destructiva y el juicio no son frutos del Espíritu Santo. En lugar de señalar los errores de los demás, busquemos comprender, perdonar y apoyarnos mutuamente en nuestro camino de fe.
2. La Corrección Fraterna:
La corrección fraterna es un acto de amor. Cuando vemos a un hermano o hermana desviarse del camino recto, no debemos juzgarlos públicamente ni criticarlos. En cambio, busquemos momentos apropiados para hablar con ellos en privado. La corrección debe ser siempre motivada por el deseo de ayudar al otro a crecer en santidad y a encontrar el camino de la verdad.
3. El Respeto hacia los Sacerdotes:
Los sacerdotes también somos humanos y, como cualquier otro, tenemos nuestras debilidades y limitaciones. En lugar de criticarnos entre nosotros, o de juzgar nuestras decisiones, os animo a orar por nosotros y a apoyarnos en nuestro ministerio. Si veis algo que os preocupa, acercaos a nosotros con amor y respeto, y estaremos dispuestos a escuchar.
4. La Comunión y la Responsabilidad:
Nuestra parroquia es una comunidad de fe. Todos somos responsables de cuidarnos mutuamente. Si veis a alguien alejarse de la verdad o del amor, no dudéis en corregirlo con caridad. Pero hacedlo en privado, sin herir su dignidad ni su reputación. La comunión entre nosotros es esencial para ser verdaderos discípulos de Cristo.
En conclusión, recordemos las palabras de San Pablo: «Corregíos mutuamente con amor» (Efesios 4,2). Que nuestra parroquia sea un lugar donde el amor y la corrección fraterna se entrelacen, y donde todos podamos crecer juntos en santidad.
