Ofrecernos como sacrificio vivo

Queridos amigos:

Me gustaría ofreceros unas reflexiones sobre la Eucaristía que creo que nos pueden ayudar a vivirla de un modo más profundo y sobre todo a comprender su valor, y el valor que tiene que nosotros nos ofrezcamos junto con Cristo por la salvación del mundo.

El Sacrificio de Cristo

La Misa es fundamentalmente un sacrificio porque sabemos que en ella se hace presente el sacrificio de Cristo en la cruz. Según la enseñanza católica, en la Última Cena, Jesús instituyó la Eucaristía y se ofreció a sí mismo a Dios Padre como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este sacrificio se consumó al día siguiente en la cruz. En la Misa, este sacrificio se hace presente de nuevo de una manera misteriosa pero real. A través de las palabras de la consagración, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y los fieles son invitados a participar en este sacrificio.

La Presencia Real

La creencia en la “presencia real” de Cristo en la Eucaristía es central para entender la dimensión sacrificial de la Misa. Los católicos sabemos que, a través de la consagración del pan y el vino, estos elementos se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta no es una presencia simbólica o meramente espiritual, sino una presencia real y sustancial. Por lo tanto, cuando los fieles reciben la Eucaristía, no están simplemente recordando el sacrificio de Cristo, sino participando en él de una manera muy real.

La Ofrenda de los Fieles

Además de hacer presente el sacrificio de Cristo, la Misa también permite a los fieles ofrecer sus propias vidas en unión con la de Cristo. Durante la Misa, los fieles sois invitados a uniros a la ofrenda de Cristo y a ofreceros a vosotros mismos como “víctimas vivas, santas y agradables a Dios”. Esto significa que los fieles debéis ofrecer vuestras alegrías y sufrimientos, vuestras esperanzas y temores, vuestros éxitos y fracasos, en unión con el sacrificio de Cristo. De esta manera, la Misa se convierte en una oportunidad para vosotros de ofrecer toda vuestra vida a Dios.

La Salvación del Mundo

Finalmente, la Misa tiene una dimensión cósmica. Los católicos sabemos que la Misa tiene un valor redentor para toda la creación. Al ofrecer la Misa, la Iglesia pide a Dios que envíe su Espíritu para renovar la faz de la tierra. Por lo tanto, la Misa es un medio excelso para la salvación del mundo. A través de la Misa, los fieles podéis participar en la obra de Dios de traer salvación y sanación a todo el mundo.

La Celebración de la Misa como Medio de Redención

La celebración de la Misa en sí misma es valorada como un medio de redención para el mundo. Incluso cuando un sacerdote la celebra solo, la Misa sigue siendo un acto de adoración y sacrificio que tiene un valor redentor. Esto se debe a que la Misa hace presente el sacrificio de Cristo, que es la fuente de toda redención. Por lo tanto, cada Misa, independientemente de cuántas personas estén presentes, contribuye a la salvación del mundo.

Invitación a los Fieles

Por lo tanto, os animo a los fieles a participar asiduamente, fielmente y devotamente en la Misa, ofreciéndoos a vosotros mismos por la salvación del mundo junto con la ofrenda de Cristo sobre el altar de la cruz. Esta participación no es sólo una obligación, sino una oportunidad para entrar en una relación más profunda con Dios y para participar en su obra de salvación. Por lo tanto, os animo a acercaros a la Misa con un corazón abierto y dispuesto, listo para ofreceros a vosotros mismos y vuestras vidas en unión con el sacrificio de Cristo.

En resumen, la Misa es un misterio de fe que abarca la muerte y resurrección de Cristo, la ofrenda de los fieles y la salvación del mundo. Es un acto de adoración que tiene profundas implicaciones para nuestra vida de fe. A través de la Misa, los católicos somos invitados a entrar en una relación más profunda con Dios y a participar en su obra de salvación. La Misa es, por lo tanto, un momento de encuentro con Dios, un momento de adoración y de ofrenda, y un momento de misión y servicio. Es un momento en el que el cielo y la tierra se encuentran, y en el que los fieles son alimentados para su viaje de fe. Es un momento en el que el cielo y la tierra se encuentran, y en el que los fieles

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