Queridos amigos de la parroquia,
¡Ya estamos a las puertas del Adviento! Ese tiempo genial del año en el que el Señor nos invita a preparar el corazón para lo mejor que nos ha pasado como humanidad: que Dios se hizo uno de nosotros. ¡Sí, uno de los nuestros! Se encarnó, vivió nuestras penas, nuestras alegrías, y todo para liberarnos. Jesús no vino a pasar un rato agradable; vino a sacarnos de nuestras ataduras, esas que a veces ni nosotros mismos reconocemos.
Pero ojo, la cosa no queda ahí. Si Él vino a liberarnos, nosotros tenemos un encargo claro: ¡liberar a otros! ¿Cómo? Pues empezando por lo pequeño: ser más pacientes con el pesado del vecino, ayudar al que lo está pasando mal o, atención, reconciliarnos con ese amigo con el que llevamos tiempo peleados. Que nadie diga que no podemos ser instrumentos de esperanza.
Y hablando de liberarnos, ¿qué tal si este Adviento nos desenganchamos un poco del consumismo? Sí, ya sé que las luces y las ofertas son irresistibles, pero ¿qué tal si hacemos regalos que de verdad importen? Como tiempo de calidad, escucha, o una sonrisa sincera… Y si os apetece algo material, ¡que sea con sentido! Regalar un detalle solidario o algo hecho con cariño también es evangelio en acción.
Esta Navidad celebramos el «nacimiento de Jesús», celebremos que Dios se lanzó a nuestra locura para enseñarnos a vivir de verdad. Así que preparaos: orad, reconciliaos con los demás, dad lo mejor de vosotros mismos… y si queréis poneros un gorro de san Nicolás, que sea para anunciar que Jesús está entre nosotros y viene a cambiarlo todo.
Os espero en la parroquia para vivir juntos este Adviento y Navidad como Dios manda, ¡sin estrés, pero con mucha alegría!
Un abrazo fuerte, y recordad: ¡Jesús nació para liberarnos, pero la liberación empieza en casa!
Jesús María Silva Castignani
