Que el verano no sea un invierno espiritual

1–2 minutos

Queridos amigos de la parroquia:

¡Ya se nota el veranito en el ambiente! Y con él, las ganas de desconectar, de dormir un poco más, de irse a la playa, al pueblo o a la piscina de la comunidad, que también es sagrada a su manera. Descansar es bueno, es necesario, y hasta es de sabios: el mismo Dios se tomó un día de descanso después de crear el mundo, así que no seáis más exigentes con vosotros mismos de lo que Él lo fue consigo.

Pero, ojo, que el verano no es excusa para todo. Cada año pasa lo mismo: en cuanto llega julio, algunos fieles desaparecen como por arte de magia y no los volvemos a ver hasta que suena la campana de septiembre. Y yo me pregunto: ¿Dios también se va de vacaciones? Porque, que yo sepa, Él no cierra por descanso del personal. Sigue esperándonos en el sagrario, en la Misa, en la oración de cada día, haga el calor que haga.

Así que os invito a algo muy sencillo: disfrutad del verano, sí, pero no cojáis vacaciones de Dios. Si estáis fuera, buscad la parroquia del pueblo o la ciudad donde paséis esos días; seguro que hay una Misa a la que podéis ir, aunque sea en bañador debajo de la ropa. Y si os quedáis por Hortaleza, ya sabéis dónde encontrarnos.

Porque el verano puede ser tiempo de sol, de playa y de reencuentros, pero que no se convierta, sin daros cuenta, en un invierno espiritual: frío, apagado y sin ganas de nada. Que el alma también necesita su ración de sol, y ese sol se llama Jesucristo.

Feliz verano a todos, con mucho descanso, pero con el corazón bien despierto.

Un abrazo,

Jesús María Silva Castignani, párroco

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