Alza la mirada: comienza el curso

2–3 minutos

Queridos amigos de la parroquia:

Septiembre nos devuelve a la rutina: horarios, agendas, el despertador que vuelve a sonar más temprano. Y con la rutina, sin darnos cuenta, volvemos también a caminar con la vista baja. Miramos la pantalla del móvil, miramos el reloj, miramos la lista de cosas pendientes. Pocas veces alzamos los ojos.

Por eso este curso que empieza os propongo un lema sencillo y exigente a la vez: alza la mirada. Alzar la mirada es recuperar el asombro ante lo que la prisa nos hace pasar por alto: un atardecer, el rostro de quien tenemos delante, un rato de silencio en la capilla. Los santos, no por casualidad, se representan casi siempre mirando hacia lo alto. Alzar la mirada puede ser, de hecho, el principio mismo de la oración.

Pero alzar la mirada no es solo mirar al cielo; es también reconocer que Cristo resucitado sigue presente en medio de nuestra historia, de nuestro barrio, de esta parroquia. Y desde ahí, caminar con esperanza, aunque el curso venga cargado y el año parezca difícil.

Alzar la mirada, además, tiene una dimensión que nos toca de lleno como comunidad: la de renovar juntos nuestra misión. No basta con que la parroquia sea un lugar donde se pasa a Misa; tiene que ser una casa que acoge, que sale a buscar a quien se ha alejado, que anuncia con alegría —sin complejos ni prisas— que Dios nos ama y que Cristo ha muerto y resucitado por nosotros. Esa es, en el fondo, toda la fe cristiana resumida en una frase.

Así que os invito a este curso con una petición muy concreta: que cada uno de vosotros elija, esta semana, alzar la mirada al menos una vez al día. Puede ser en la Misa, en el Rosario, en la Adoración, o simplemente parando un minuto en medio del ajetreo. Y que desde ahí volvamos a mirar también a los demás: a quien necesita un sitio en Cáritas, a quien lleva tiempo sin venir por aquí, al nuevo sacerdote estudiante que en breve se incorporará a nuestra casa.

Que este curso 2026-2027 sea, para todos, un curso de mirada alzada.

Un abrazo,

Jesús María Silva Castignani, párroco

Deja un comentario